personajes conquenses

El Rulán

El talento es un bien escaso, si bien la providencia quiso que en un
pequeño Bloque de la C/ Santiago López, en el barrio de la Vela, nacieran
dos de los mayores talentos de la Provincia. Por un lado nuestro invitado,
por otro el abajo firmante.

Nos visita mi vecino de infancia, mi camarero de cabecera de juventud, el
patriarca serrano del Reggae, un artesano del cuero, un buzo de tierra
firme, un activista de un barrio olvidado, y no se cuantas cosas más. En
definitiva y sobre todo, un tipo alegre.

Nos fuimos del barrio, el viejo barrio que en su día fue al último que llego
la luz y hoy es “centro” de Ciudad envejecida. Viaje de ida y vuelta. Al final
de estos años avanzamos apenas un par de calles. Ya no cabemos en los
agujeros donde nos ocultábamos de quien se la quedaba al escondinte,
nuestro talento requiere grandes cabezas; y como buenos viejos podemos
asomarnos a la ventana y decir: “Antes todo eso era campo”.

Isra vs Dj Beat

Se acerca a nuestro pabellón de enfermos incurables otro contagiado, hace años que le inocularon el virus de la tara musical.

Llega a nuestra leprosería de melómanos, a este Molokai musical a sabiendas que aquí ni podemos ni queremos sanarle. Tampoco parece querer ser  sanado, muy al contrario trae nuevas cepas del maravilloso virus.

Es también un predicador que se empeña en luchar contra la imposición del pensamiento único musical, predicando sin itune, ni rever, ni hostias… público y artista, músico y melómano, médico y enfermo.

Macarthur, el General Rebelde

El día que Macarthur eligió instrumento poseía un Renault Twingo, este y no otro es el motivo porque asegura que desechó el piano de cola y eligió la armónica.

Macarthur, el General rebelde, se hace preguntas y busca sus respuestas, así ha comprendido la masiva caída de pinos de la última nevada o ha encontrado el origen de expresiones como mis cojones 33

Menú con Juan Carlos Valera – Francisco Sebatián Nicolau

“…Recuerdo que siendo un niño, mi padre nos describía a mis hermanos y a mí, los paisajes por los que transitábamos. Lo hacía con la deformación profesional propia de quien los ha pintado o espera hacerlo. Así, los colores no eran ellos, sino la nomenclatura de los que habrían de representarlos, y las sensaciones se traducían a términos plásticos (espacio, tiempo, cuadro)…”

Así es como Sebastián Nicolau describe cómo nació en él la vocación por la pintura y, en especial, su interés por la naturaleza y los paisajes, siendo éstos, tanto el leit motiv como el vehículo de comunicación del que se ha servido a lo largo de su trayectoria.