deporte

Fin de temporada

Damos hoy por terminado el Frankenstein creado en el más oscuro de nuestros quirófanos. Un brazo de Green Day, una mano de Dick Dale y la otra de un hortelano del Cerro de la Horca del moro, las meninges de Chuck berry, las castigadas rodillas de un jugador de Rugby, la cabeza de un poeta lotero, la melena de un heavy calvo, la mirada de un pintor, el estómago de un maestro cervecero, la imaginación de diseñador gráfico y los santos cojones de Tom Waits. Ya solo queda esperar el próximo rayo para que camine desnortado sin saber dónde acudir como el equipo médico que lo ha creado.

A Palos

En 1850, la revista Punch definió lo que era un deportista: «Deportista es todo aquel que no solamente ha vigorizado su musculatura y ha desarrollado su resistencia por el ejercicio de algún deporte, sino que en la práctica de ese ejercicio ha aprendido a reprimir su cólera, a ser tolerante con sus compañeros, a no aprovechar una vil ventaja, a sentir profundamente como una deshonra la mera sospecha de una trampa y a llevar con altura un semblante alegre bajo el desencanto de un revés».

Esta definición queda muy lejos del comportamiento de los deportistas de peinados imposibles, dientes blanquísimos, altivos y soberbios que pueblan las portadas de los periódicos de prensa deportiva.

Sin embargo, en páginas interiores, en diminutas columnas aparecen enormes historias de Rugby, Allblacks que limpian su vestuario, el equipo que despide para siempre al jugador que placó a la arbitra, el campeón que regala su medalla al niño retenido por los policías… Los conquenses cabezones que una vez finiquitado el equipo siguen quedando en los parques para entrenar con la esperanza de que el grupo crezca.

Hablamos hoy de un pequeño deporte poblado por irreductibles jugadores y jugadoras que no aceptó desaparecer y terminó ganando, hablamos con hoy con “A Palos“ Cuenca, de cómo se levanta de la lona, no un jugador, sino un deporte entero.

Barras Bravas

La podredumbre y descomposición del fútbol no es nada nuevo, la conoce cualquiera que en los aledaños de un campo de futbol halla la policía, las aficiones conducidas como ganado, cualquiera que conozca las deudas de los clubes o las cloacas en las que se firman los traspasos.

Más allá de lo pintoresco y lo excesivo, las Barras bravas son el ejemplo más claro de la gangrena que se come el futbol. Mario lo conoce y lo explica desde Tabarca pero con la experiencia del argentino que es.

Juan José Pérez Martínez

Nos fue imposible enmarcarlo en ninguna especialidad médica o humanista. Decidimos derivarlo a medicina general, se ha hecho cargo Publio y su enfermera Valentín. Ellos conocen algo más los miles de recovecos y las inabarcables aristas de este realizador de cine cuyos comunes apellidos han ahuyentado a los adinerados mecenas del celuloide, de este montañero de longevos genes, de este maestro rural, de este genio de verbo acelerado.

Su canción mocho esta a la altura de su talento.